
Lic. Jose Donald Ramirez
En el silencio de nuestros pensamientos, en el laberinto de nuestras ideas, que tantas conjeturas se nos vienen a la mente cuando estamos dando el ultimo adiós a un amigo, recordamos hasta los mas mínimos detalles, pero son precisamente estos pequeños detalles los que fueron forjando golpe a golpe como en un yunque la amistad que nos une a ese ser.
Eso nos paso el veintitrés de marzo, mientras observaba como los jornaleros trabajaban en cerrar la tumba de mi hermano José Martínez Romero, no podía articular palabra alguna, aunque en mi mente a gritos llamaba a Chepe, le hacia referencia a esos momentos que compartimos, eran tantas las palabras que se me agolpaban en la sien, pero era imposible físicamente que me escuchara.
Poco a poco me reponía del impacto y comprendía que Chepe Martínez, ya no podía escuchar voz alguna, pero viendo al cielo comprendí que si podía escucharme, ya que ahora el escucha la voz del corazón, la voz del alma y era precisamente lo que yo quería que su alma me escuchara, comprendía que yo también debía hablarle con el alma con el corazón y no con la mente.
Ya mas sosegado empecé a hacerle una remembranza de los momentos que junto a su compañía recordaba y que nunca se me borrarían de mi alma, mas aun recordé muchas frases y los momentos propicios en que las referías, entonces me di cuenta que estabas conversando conmigo, ya no era solo yo, éramos los dos tu recordándomelos para que no te olvide y yo asintiendo.
Ya pasados los días escribo este pequeño tributo para que mas amigos que compartimos conversen contigo y sepan que continuamos estando unidos por nuestra fe, por nuestro amor, por el cariño y el respeto que nos profesamos, es tan así, que aun escribiendo este editorial, pienso que es un conversatorio de tu persona para otros amigos invitándoles a charlar.